LO QUE ESCONDEN LAS OLAS. EMMA LIRA.

Lo que esconden las olas.

Dicen que después de leer un libro siempre quedas relacionado con él de alguna manera. Otra cosa más difícil es tener algo en común antes de abrir sus páginas.

Cuando comenzó mi “enfermedad” por la lectura, me solía guiar por lo llamativo de la portada de los libros, bien fuera el color, el título o incluso el tacto, por raro que parezca.

En cambio, desde hace algún tiempo, entro en la biblioteca y cojo un libro al azar del género que se me antoje en ese mismo momento. Por ejemplo, me acerco a los estantes de narrativa y escojo el primero que toco con la mano. Así hice la última vez y surgió entre mis dedos esta maravilla titulada «Lo que esconden las olas» de la escritora Emma Lira, totalmente desconocida para mí hasta el momento. Algún día me disculparé con alguien por ello.

Si bien es cierto que no pensaba cambiarlo por otro, ya que esa era mi elección al azar y estaba dispuesto a leerlo aunque fuera un verdadero ladrillo, la historia que narra me cogió totalmente por sorpresa. Podría decir que a veces la vida tiene magníficas casualidades, y doy mi palabra de que para mí esta ha sido una de ellas.

El libro de Emma Lira narra una bella, interesante y entretenida historia, que gira alrededor del hundimiento de un transatlántico llamado -Sirius-, ocurrido el 4 de agosto de 1906 frente a las costas del Cabo de Palos en Cartagena, con unas 900 personas a bordo.

Más allá de que esta sea, a día de hoy, la tragedia civil de mayor nivel en las costas españolas y en mi caso, algo totalmente desconocido. La historia del Sirius, que podéis leer aquí de una forma resumida, es espectacular y trágica a la par. Impresiona que en España tengamos un transatlántico hundido a 72 metros frente a nuestras costas y sea, en mi opinión, un suceso tan poco conocido.

Debido a su magnitud, muchos le llamaron el Titanic español. Pero hasta en esto, parece que mantenemos esa costumbre “tan nuestra” de magnificar todo lo que ocurre fuera, aunque tengamos lo mismo en la puerta de nuestra casa. Una pena, y más, ahora que después de empaparme todo lo que rodea a esta historia, he sabido que fue uno de los mayores actos de solidaridad de las humildes gentes que vivían en la zona, en su mayoría pescadores.

Para cerrar el post, os cuento la casualidad que me ha relacionado con esta historia. He veraneado durante más de una década en La Manga del Mar Menor, prácticamente toda mi infancia. El faro del Cabo de Palos, siempre me pareció uno de esos lugares que tienen algo de “magia”. He subido en multitud de ocasiones hasta lo más alto, bueno, hasta la base del faro, pues no se podía llegar más arriba, aunque justo este año lo han abierto al público. Y os prometo, que jamás había oído hablar del Sirius y de su hundimiento. Ha sido a más de 500 kilómetros, y cogiendo un libro al azar, donde he podido saber de ello. Hay lugares, libros y situaciones, que te hacen pensar que estás unido de alguna manera a ellas, en mi caso, con este lugar ocurre algo parecido. Espero que os guste y que si tenéis la oportunidad, podáis disfrutarlo..

Sed felices 😉

 

 

 

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NUNCA LLUEVE AGOSTO DE TODOS

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Miren ustedes. El título no tiene nada que ver con lo que iba a escribir, de hecho, no es mas que una payasada que se me ha ocurrido al ver que hace una año que no escribo en el blog. Y ya saben, he visto que la última vez fue en agosto, y que ahora vuelve a serlo (es lo que tienen los años, que repiten siempre los mismos meses), y en fin, pues eso…muy coherente todo.

Es más, no se ni sobre lo que iba a escribir. Bueno, escribir he escrito, pero lo tengo todo guardadito en un baúl, donde si a alguien se le ocurre meter la mano, lo mismo solo saca el codo. Lo que no he hecho es publicar, porque para lo indeseable del que les escribe, y los indeseables que me leen, fíjense donde vamos a parar.

«PAUSA» ¿PUBLI-CAR? ¿Podría ser una agencia para el alquiler de vehículos? Iré más allá. ¿Alguien había hecho esta mierda de chiste antes? Bien, sigamos.

Por donde iba… Ah si, agosto…o las publicaciones. Bueno, da igual. Que tenía por fin un ratito libre, entre estudios, mudanzas, niños, pintura, taladros y otras cosas… Yo solo encuentro relajación aquí, contando mis miserias. O eso quiero haceros creer.

Bueno, que me lío. El mes de agosto, muchos estaréis en la playa, otros en la montaña, y otros muchos, en casa. Esto ya no es lo que era. Ahora en agosto abren hasta los comercios. En mis buenos tiempos, los 90 y tal, no abría ni Javi el de las pipas, que no vendía una mierda durante el año, pero sus vacaciones eran sus vacaciones. Aunque estuviera en casa, pero no se movía. Bueno, en la tienda tampoco se movía, pero ese es otro tema. Javi un día cerró la tienda de pipas y chuches. Ya no abrió nunca más. Aunque eso pasó en diciembre, pero queda muy bien como reseña.

Lo que quiero decir es que los «agostos» están devaluados completamente. Vas a los centros comerciales y hay gente. Vas a Madrid y no hay aparcamiento. Vas a los museos, y están llenos, etc… En los 90, mi época y tal, salías por la tarde a dar un paseo por Madrid, y las ratas se asomaban por las alcantarillas para decirte  — ¡Vuelve a casa idiota!  ¿No ves el calor que hace?

En fin, que ahora hace hasta menos calor. Estuve hace poco en el parque de atracciones, y ni eso es como antes. Aún recuerdo aquellas largas colas donde se te borraba la calcamonía o calcomanía (o como cojones se diga) solo de pasarte la mano por la frente cuando sudabas. Ahora mientras esperas para subirte a la lanzadera te echan vaporcito para amenizar la espera. Flojos. Aquí los calvos hemos salido ganando de todas-todas.

Recuerdo aquellos agostos de barrio periférico madrileño. No salíamos a la calle hasta las 20:00 de la tarde, cuando bajaba el sol y hacía una temperatura más leve, unos 38ºC a la sombra. Eso sí, las noches eran más largas. Mis padres nos dejaban hasta bien entrada la madrugada, para compensar las horas perdidas por la tarde. Y allí, en aquellas frescas noches de 30ºC nos juntábamos todos en el parque del barrio. Los niños, las niñas, las ratas de las alcantarillas…éramos un todo en uno. Una suerte de ecosistema perférico.

Bueno, pues eso que los agostos están de capa caída. Por cierto, intentaré coger el ritmo para seguir escribiendo. Espero que esta temporada, no sea tan emocionante como la última. Besos, abrazos o lo que os toque.

Sed felices. 😉

 

 

 

SÍNDROME POST-VACACIONAL, Y OTRAS MANERAS DE TENER POCAS GANAS.

Bonito nombre le han colocado a lo que toda la vida se le llamó «Hay que joderse, las poquitas ganas que tengo mañana de volver al trabajo después de la Semana Santa». Y es que según varios estudios, somos muchos los que volvemos a comenzar la jornada laboral con pesadumbre y abatimiento, ¿Que incongruencia verdad? Como si fuera algo nuevo…

Y digo yo ¿Hay alguien que vuelva al trabajo con alegría después de unos días en la playa? ¿O en la montaña? ¿O en el chalet de tu cuñao el rico? Es más ¿Hay alguién que vuelva feliz y sonriente aunque solo sea en el viaje de retorno?

Porque esa es otra verdad como un pino de grande. Aquí se habla mucho de la Semana Santa, pero lo cierto es que aprovecháis estos días libres para comportaros como el mismísimo Satán. No, no me he equivocado. Os pasáis unos días de barbacoa en barbacoa, de cubata en cubata, y de fiesta en fiesta. Y de paso como ando por Andalucía, a lo mejor me tropiezo con alguna procesión, y ya si eso, aprovecho el rato para declararme devoto del Cristo de Palacagüina. Pero eso lo hago cuando vuelva de la playa, que la misa de doce no me pilla muy bien de hora y se me va a juntar con el chiringuito. Poca vergüenza…

Bueno vale, lo acepto, que eres nazareno desde pequeñito, me lo creo. Pero solo en algunos lugares, tuvieron lo que hay que tener para ponerle a una procesión el nombre adecuado a lo que más nos gusta hacer en estos días libres. Y no me lo nieguen, hasta los que no viven la religión, aprovechan el viernes santo para pillarse una castaña que no llegan a la resurrección hasta el domingo. Aunque a muchos de vosotros tampoco os hace falta Semana Santa para llegar a este punto. Bueno, sigamos.

No quiero desviarme del tema estrella ¿Síndrome postvacacional? ¿De verdad? ¿No había otro nombre? Como somos a veces, con tal de relajarnos un poquito, y ya de paso, quitarnos de encima un día de trabajo. Le digo a mis compañeros que estoy con el síndrome postvacacional y me toco las narices un ratito hasta la hora de salir. Y que nadie lo niegue, hasta en esto también nos ponemos de acuerdo. Nos da igual si hemos estado de procesión, de barbacoa, vestido de nazareno, de penitente, o de la mismísima abeja Maya, en el trabajo se escaquea todo el mundo. Aunque algunos lo hagáis de manera tan profesional, que hasta un anuncio os dejó la idea (Necesito un kit-kat). Que bien os vino la chocolatina, canallas. Alguno no conoce ni el sabor que tiene, pero por las veces que se para en el trabajo, parece que las compra en cantidades industriales.

Pero eso si, las vacaciones son vacaciones, y no vayan ustedes a desperdiciar unos días tan buenos en leer artículos del nivel que yo les ofrezco, porque entonces puedo llegar a pensar que están aún más aburridos que yo. Y eso… eso si que sería algún tipo de síndrome. Tal vez el antagónico al postvacacional. Un síndrome que explicara que necesitas volver al trabajo con urgencia porque el nivel de las gilipolleces que escribes en tu blog está rondando límites insospechados. Síndrome prelaboral, o síndrome del tonto ilustrado, que no tiene nada que ver, pero le da un toque artificial, que dirían los modernos…

Y hasta aquí mi absurda opinión de hoy, no les aburro más. Espero que os haya ocupado el mínimo tiempo indispensable de vuestro día. Yo, no os engañaré, voy a hacer un Kit-Kat, que tengo el síndrome postvacacional a la vuelta de la esquina, calentando motores y con el coche en marcha. La verdad, no se porque os cuento esto, ni otras muchas cosas, pero me divierte.

 

Sed felices 😉

 

 

BASADO EN HECHOS REALES (Capítulo III) En la cola del supermercado.

Parece una aburrida acción cotidiana, de hecho, lo es. Aunque no se si debido a mi escaso desarrollo neuronal, padecer una cola de supermercado, puede ser una historia divertida, o dramática, o tal vez esperpéntica. Lo digo porque es ya la tercera o cuarta vez que  una aburrida espera se convierte en algo entretenido.

Centrémonos en lo básico. Tú haces la compra tal y como lo has marcado en la lista, o sin necesidad de ella, pero cuando crees que ya has cogido todo lo necesario, te dispones a ir hacia las cajas. Normalmente, pensaréis todos, pagas y te vas. Pues no, ese no es mi caso, y quiero creer que tampoco el de muchos.

La experiencia personal, me dice, que se pueden dar un buen número de situaciones en la cola del supermercado. Paso a describirlas y a detallar un pequeño análisis de cada una.

SITUACIÓN A:

Llegas con tu compra, y no hay nadie en la cola, la cajera te atiende amablemente, aunque de manera normal intenta “colocarte” una bolsa de plástico por 3 céntimos, para una lata de coca cola y unas pastillas de caldo de pollo. Al ver que con la bolsa no ha colado, su reacción inmediata es intentarlo con una oferta de 16 donuts por 3 euros, normalmente lo niegas y te vas. Todo es amabilidad por las 2 partes y la conversación acaba con un «Que tenga usted un buen día»

Análisis:

  • No hay gente en la cola: Normal en días de diario por la mañana de lunes a jueves en supermercados retirados de zonas céntricas
  • Bolsa de 3 céntimos: Te la van a querer colocar por lo civil o lo criminal.
  • Oferta de los donuts: Peligrosa si vas a hacer la compra con el estómago vacío.

SITUACIÓN B:

Comienzan las primeras complicaciones. Repetimos la acción, haces tu compra, llegas a las cajas y solo hay una abierta, no tienes prisa, por lo tanto las 3 personas que van delante no son ningún obstáculo digno de mención. Pero cuando te toca… ¡Mierda! A la de delante se le ha olvidado el pan, y para colmo te hace responsable de su turno con un «guárdeme la vez, que tardo muy poco, MUY POCO» Aparece a los diez minutos con el pan…2 latas de alcachofas y 1 kilo de tomates. Entre tanto, tu esperas con barba de 3 días, mientras los que te siguen te miran haciéndote responsable de su espera por haber guardado el turno. Cuando a la buena señora le ha dado la gana llegar, tú ya estás amenazado visualmente por el resto del supermercado, que justo en ese momento ha decidido hacer el pago en caja. La señora del pan, los tomates y las alcachofas, lo soluciona todo con un  «gracias bonito» y tarda sus respectivos 10 minutos  en pagar con céntimos los cuarenta y dos euros con setenta y cuatro del coste, que dicho así, suena tan largo como esperarlo. La gente que viene detrás de ti empieza a desenfundar armas y tú ya ni te das la vuelta. Eres el puto cómplice.

Análisis:

  • Nunca te fíes de una señora en la cola de un supermercado. Te ganará por experiencia.
  • Nunca te fíes de una señora en la cola de un supermercado que te pide que le guardes el turno y dice que tardará MUY POCO.
  • Nunca te fíes de una señora que paga con céntimos.
  • Nunca te fíes de una señora.

SITUACIÓN C:

Un clásico, a esta situación le llamo el «déjame pasar que solo llevo» ¿A que la habéis vivido todos? No me extenderé. Estás en la cola, llega el listo de turno y tacháaaaaan…Perdona, ¿Me dejas pasar que solo llevo una barra de pan? Y tú pensando, ya, pero es que yo llevo la misma barra de pan y la lata de tomate para los macarrones del crío que me ha encargado mi mujer.

¿Que hacer contra esta agresión? Iré al análisis directamente

Análisis:

  • Fingir una llamada de teléfono para crear un corte radical con el/la caradura. «Uy, perdona, me están llamando» Crea un desconcierto en el personaje que le obliga a esperar su turno mientras espera que finalice la llamada. Suele funcionar.
  • Fingir lesión. Como si de un futbolista se tratara, le dices que sufres una reciente intervención lumbar que te impide estar demasiado tiempo en pie y que esos 2 minutos de espera juegan un papel de vida o muerte en tu persona. Da igual que el personaje te haya visto hacer el pino-puente en frente de la sección de los congelados. Esto es una batalla entre caraduras y ahí debes demostrar tu valía y luchar por tu puesto en la cola. ¡No desistas!
  • Mi preferida, y también la más desaconsejada. Recordarle al señor/a que esto es un supermercado y que se está aprovechando de la buena fe de las personas, para llegar antes a donde sea, lo cual no me importa lo más mínimo.
  • La última y la más común. Quedarte como una vaca mirando a un tren y asentir con la cabeza mientras te sobrepasan en la cola. Todo, para luego salir del supermercado y ver al señor en el bar de al lado, o a la señora departiendo amistosamente con las vecinas. ¡Hay que joderse!

 

Y hasta aquí, esta estupenda y absurda clase sobre supermercados. Si has llegado hasta el final, mereces esa cerveza que llevas esperando todo el día para tomarte. Pero si la compras en el supermercado, por favor, guarda el turno.

Sed felices 😉

LLEGA LA NAVIDAD (OTRA VEZ)

Que bonito, ya se empieza a notar el ambiente navideño en las redes sociales, y en otros ámbitos también. pero todos tenemos a ese amigo que ya ha inundado la red social de turno con postales navideñas de lo mas variopintas. Quitando que en su casa ya están colocados el belén, el árbol y un muñeco de luces que canta desacompasado.

He de reconocer, que a pesar de no ser un férreo seguidor del ambiente navideño, bien es verdad que me gusta observar (y en ocasiones participar)  en todo lo que rodea a estas emblemáticas fechas para unos, y empalagosas para otros. Por decirlo de otra manera, es un periodo donde como ya escribí hace tiempo, en este humilde decálogo, todo cuidado es poco para superarlo con nota.papanoelborracho

Las calles volverán a llenarse de luces, mujeres y hombres desfilarán como posesos por las grandes avenidas comerciales, buscando el “ofertón navideño” de turno, que por décimo año consecutivo no encontrarán. Una lástima, ya que en este The Walking Dead con bolsa de la compra, participan veteranos y nuevos talentos cada temporada.

Los centros de las ciudades, son multitudes humanas atestadas contra los escaparates. En Madrid, se sabe de gente que se despistó en la calle Preciados en unas navidades, y años después, se reencontraron con sus familias. Las declaraciones tras el hallazgo son sobrecogedoras «Recuerdo que en la nochebuena de 1995 cogí una calle adyacente, me lié a cervezas con un reno del Cortylandia, y no recuerdo nada hasta hoy…» Cuanto menos sobrecogedor.

Y es que amigos, lo admito, me gusta la navidad, es el momento del año donde mis carcajadas se repiten mas veces por minuto. Empiezo a reírme en la cena de empresa, y no paro hasta que veo a la última vieja con el paraguas del revés en la cabalgata de reyes. Tenéis que reconocerlo, es entrañable. Todo es gracioso, tu colega cogiendo vasos de tubo con la boca en la cena del trabajo; tu tío Faustino, el del pueblo, que viene a cenar obligado por la Puri, y al que nada mas llegar le han colocado unos cuernos de reno, mientras te mira suplicando que le dispares; los niños de corta edad tirando petardos por la calle, que bien podrían ser granadas de mano; o la dichosa vieja del paraguas de la cabalgata, que en una infernal pelea a muerte con otra semejante, está luchando por los caramelos de mora ante la mirada atónita de sus nietos. Lo que digo, paz y armonía.

Pero no se asusten, esto se repite año tras año, navidad tras navidad. Los gorros de Papá Noel, Santa Claus o como quieran llamarlo, van a estar ahí, acompañados de las pelucas de colores, los cotillones, los matasuegras, las uvas, las madres aparcando corderos en batería, los reyes magos, el niño que está en la cuna, los peces que beben y los que vuelven a beber sin ser peces, los camellos, de dos jorobas y sin joroba también, la cena de empresa, el despido de después de la cena de empresa, las guirnaldas, la espuma en spray, la zambomba, alguno en nochevieja caminito de belén, otro tirado en algún banco cuando iba caminito de belén y se paró a tomar la última en algún sitio, todo eso y mucho más…volverá en estás navidades. Así que sea como sea, crean o no en ello, disfruten de todo como buenamente puedan.

Sed felices 😉

P.D: ¡Ah! Se me olvidaba, la vieja del paraguas del revés también estará por ahí. Anda que se lo iba a perder, no te jode.

MADRID. TODAVÍA MAS.

 

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Estanque del Retiro vacío.

Siempre me gustó caminar por la ciudad, aunque para desplazarme a ciertos lugares tuviera que coger primero el coche. Y esta urbe es lo que tiene, todo está lejos de todo. Ir al cine en cualquier población, supone contar la distancia en cientos de metros o en un par de kilometros, pero no en Madrid. Aquí, las distancias se miden en paradas de metro o de autobús. Y si se hiciera en kilómetros, los trayectos no bajan de los cinco. Pero eso forma parte de su encanto, creo yo, no se si por discrepar de la habitual calificación de la ciudad de las obras y el tráfico, o por una enérgica defensa del lugar que mas amo de este planeta.

Pero la emoción de caminar por Madrid va mucho mas allá de sus distancias y calificaciones. Lo verdaderamente emocionante de Madrid se esconde en sus rincones secretos, en sus lugares repletos de historia, en sus magníficas leyendas y en la múltiple variedad de los personajes que la recorremos.

Emociona, si, saber que puedes estar caminando entre los que pueden ser los personajes históricos del futuro, el Ortega y Gasset del 2050, la Lina Morgan del teatro que viene, o que aquel friegaplatos del restaurante donde estás comiendo, sea un pintor de élite como le ocurrió en su día a Don Francisco de Goya y Lucientes. Y ustedes dirán, pura imaginación todo. Pués tal vez sea así, pero Madrid es lo que tiene, te invita a desbordar esa imaginación como no lo haría ningún otro lugar.

Y es que en Madrid, no distinguimos el invierno del verano, ambos son duros. Por eso nos vale cualquier estación para recorrerla, para patearla, para desgastarla, porque Madrid está destinado a envejecer, y a seguir teniendo ese espíritu juvenil que la desborda. Por esa razón el Museo del Prado sigue siendo tan bello, el Palacio Real tan majestuoso y sus calles tan vivas durante las 24 horas del día, porque es una ciudad inagotable, porque te agotarás tú mucho antes que la ciudad. De hecho, ella no descansa.

Y con esto os dejo en paz, vuelvo a retomar el blog con muchas ganas, me marcho al Estanque del Retiro, a ver a los descendientes de Margarita, a ver que me cuentan.

«Pues el invierno y el verano,

en Madrid solo son buenos,

desde la cuna a Madrid,

y desde Madrid al Cielo».

Luis Quiñones de Benavente  «Baile del invierno y del verano».

Sed felices 😉

DECEPCIONES.

Cuando algún plan o alguna persona nos falla, tendemos a pensar que la decepción viene provocada por ese mismo plan o esa misma persona, y estamos completamente equivocados. Un buen amigo (J.R.R) me dijo hace un tiempo que «la decepción» propiamente dicha, es el resultado que surge de no alcanzar las expectativas esperadas respecto a una meta determinada, bien sea profesional, sentimental o personal. Y creo que razón no le faltaba, desde bien pequeños aprendemos en el colegio que cuando debes sacar una nota en un examen y no obtienes lo deseado, debes superarte constantemente, y muchas veces, la decepción es el camino que encontramos a un suceso que ya no tiene vuelta atrás. Ahí es donde está el mayor error. Me explico.

Vivimos en una sociedad donde parece que marcarse una meta final es la prioridad necesaria para ser feliz, y eso hace, que nuestra felicidad sea siempre incompleta. ¿Quien tiene un amigo, una pareja, un trabajo y una vida perfectas? Ya se lo digo yo, NADIE, ABSOLUTAMENTE NADIE. La cuestión es que somos inconformistas por naturaleza, y parece que debemos estar en un proceso de superación constante, que en muchas ocasiones nos perjudica o nos atora, y no nos permite ver cuales son nuestras capacidades reales para superar una situación. De esta manera, no podemos diferenciar el momento donde debemos pedir ayuda, pararnos a sopesar una idea, o buscar una solución diferente a un problema. Frases como, “este es mi ejemplo a seguir” “mi meta es tal nota” o “yo para ser independiente debo hacer las cosas de tal manera” son burdos engaños que no nos dejan mirar mas allá de lo que realmente nos puede hacer alcanzar una felicidad real.

Nuestro ejemplo a seguir debemos ser nosotros mismos y lo que ,en mi opinión, nos hace mantenernos contentos es el sentido que le decidamos dar a las cosas y a los momentos. Por ejemplo, con toda seguridad, teniendo unos estudios universitarios consigamos tener grandes opciones de ser mas cultos y estemos mas cerca de lograr un salario acorde al estilo de vida que deseamos. Pero a día de hoy ¿Quien puede afirmar que eso es seguro? En cambio, lo que si vamos a recordar es a nuestros compañeros de clase, y los ratos que pasamos con ellos. Eso es lo que no debemos dejar pasar de largo.

Lo que quiero resumir es que marcarse una meta, o tener un instinto de superación constante está muy bien, pero obcecarse con ello puede llegar a ser un castigo, o viniendo al caso, una decepción. Y es que en la vida, nos vamos dejando por el camino momentos, lugares y situaciones irrepetibles, creyendo que al pasar por ellas rápidamente llegaremos antes a nuestro objetivo. No es así, hay que disfrutar esos momentos, hay que recrearse en esos lugares, no hay que pensar mas allá de lo que vamos a hacer en el presente, aunque en el horizonte dibujemos un futuro idóneo.

En definitiva, hay que sacar de nuestra carretera todo aquello que nos contamina, lo que nos duele y nos impide disfrutar del presente, porque al final de ella no se encuentra nuestra felicidad, si no que es a través de la misma donde vamos a disfrutar.

Hace poco logré leer el fabuloso libro de Bernardo Stamateas que lleva por título «Gente tóxica» y quedé impresionado con los tipos de personas que en él se describen. Todos tenemos en nuestro círculo personal a alguno de ellos, y en mi opinión, eso es lo que de verdad hay que apartar de nuestras vidas para poder llegar a conseguir cualquier objetivo, pero disfrutando de cada minuto, porque como hemos comprobado esta semana con el accidente aéreo de Germanwings, nunca podemos saber cual va a ser el último. Y aun observando que todo nos vaya bien, sería una pena desviarnos de la meta principal de nuestras vidas…

Sed felices 😉