EL MINISTERIO DEL TIEMPO.

Foto vía Twitter @MdT_TVE

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Que vaya por delante, lo aquí escrito es una opinión como otra cualquiera, y lo que voy a decir no es dogma, obviamente, pero creo que como opinión cuenta, tanto o mas que la de otra persona. 

Esta serie de televisión me tiene conectadísimo, tanto, que en ocasiones me dirijo a las personas como Don Alonso de Entrerríos (mas quisiera yo) en un perfecto castellano antigüo. Como les digo, estoy absorto y he visto cada uno de los capítulos por duplicado, además de ver, leer y deleitarme con todos los contenidos que me voy encontrando de la misma. 

Parece que la fiebre no es cosa de un día, pues he podido hablar con mucha gente que opina lo mismo, y también me he encontrado, como no, con alguna otra crítica, pero hasta ahora nadie ha logrado convencerme de que esto no es un éxito rotundo. Y es que creo, vuelvo a reiterarme, en mi opinión, que el éxito de estos capítulos es la innovación. El guión de la serie es un bombazo que muchos califican de simple. Y digo yo, si tan simple era colocar una puerta del tiempo y enviar a la patrulla histórica a salvar a Lope de Vega de un embarque erróneo, por ejemplo, ¿Por qué razón nadie lo hizo antes? Pues eso, que ahí está. Y es que hay que tenerlos muy gordos, ya que cuesta imaginar como narices encajas en una misma serie a un miembro del Samur, a un soldado de los Tercios de Flandes y a una estudiante del Siglo XIX. Una vez vistos los capítulos parece muy fácil, pero imaginadlo sobre el papel, tiene que sonar a locura transitoria…

Me fascina el conjunto entero, el modo de hacer encajar las piezas, los personajes, las historias, los pequeños puntos de humor, aunque algún capítulo haya parecido enrevesado, tampoco iba a ser todo perfecto, de hecho, nada lo es. Y así, poco a poco, parece que esta sucesión de episodios va ganando adeptos, lo que supongo, motivará a los creadores a mejorar todo, aunque si se mantuvieran en esta línea, creo que sería el mayor triunfo, puesto que han conseguido innovar, algo que muchos pedíamos a gritos sobre las series españolas.

Y continúo, a parte de un guión fabuloso y conseguir mantener vivo al espectador con las tramas de cada Lunes por la noche, son esos pequeños detalles que aporta cada personaje, los que la engrandecen mucho mas si cabe, me explico:

Velazquez trabajando como caricaturista y declarándose un “grupi” de Picasso, hasta el punto de llegar a conocerle.

Agustias, esa funcionaria de antaño, correcta, respetuosa, tímida, maruja y con cara de ser la abuela de todos.

Don Ernesto, que tras intentar reeducar a Torquemada parece que se ha reconvertido a sí mismo en un James Bond ibérico.

Don Salvador Martí, jefe entre los jefes, por muy subsecretario que quieran que sea  ¿Nadie ha tenido la sensación de reencontrarse con algún jefe de su pasado al verle? Siempre adscrito a las normas.

Irene Larra, esa mujer que aparece en los sueños de hombres y mujeres a la vez, dura y sensible por partes iguales, descarada, atrevida, profesional y arriesgada. ¿Que mas se le puede pedir?

Hacer encajar todo esto, junto con el pasotismo de Julian tan inherente a su situación personal, la dulzura de la mirada de Amelia, jefa de la patrulla por derecho propio, y como no, la gallardía, el arrojo y la galantería de Alonso, es de una grandeza absoluta, y me parece un mérito enorme.

¡Pardiez! Es una serie exquisita. 

Sed felices 😉

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