AGOSTO EN MADRID…

Siempre elijo mis vacaciones con la mejor intención posible. Supongo que como todos, valoramos lo económico, el lugar al que queremos ir y por otra parte, hay quien sopesa los pros y los contras de cual es el mes donde uno debe solicitar sus ansiadas vacaciones de verano. Me centraré en esto último.

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Foto abc.es

 

Soy un madrileño atípico, o eso creo. De hecho, soy un atípico “atípico”, bueno, no quiero desviarme. Me considero un capitalino que no cumple con las costumbres estivales, es decir, salir corriendo de la ciudad como alma que lleva al diablo durante los meses de julio y agosto. He pasado mucho tiempo viviendo en la costa, y desde hace años le cogí el gusto a doblar el lomo en agosto. Tenía esa mentalidad tan levantina, de creer que la playa se disfruta más fuera de los meses de verano y en cierta manera, así es. Heredé esa costumbre y desde hace tiempo, sigo cumpliéndola.

Pero aquí la cosa cambia. Madrid en agosto es diferente. Ni mejor ni peor, diferente. Hay varios puntos donde la ciudad toma aire, y no me refiero a los 45 grados de la puerta del sol a las 3 de la tarde.Voy a desgranarlos, que sé que os gusta:

  • El tráfico: ¿Estamos de acuerdo o no? Queridos hijos del oso y el madroño podéis gritar conmigo ¡Bendito placer! Esas carreteras vacías, esos carriles donde permites que cualquiera te adelante. Amigos, en agosto en Madrid hay sitio para todos en la M30-40-50-200… Aquel con el que te hubieras matado en diciembre por un hueco en un largo atasco, hoy es un compañero, un amigo, alguien con quien pararías en cualquier arcén y te fundirías en un largo abrazo, porque sois los 2 únicos cabrones de toda la Comunidad de Madrid que vais a las 5:30 de la mañana a trabajar. Disfrutad, toda felicidad en esta vida es efímera, y mucho más si hablamos de atascos en Madrid.
  • Aparcar: Llegas del trabajo y tacháaaaan, hay sitio para dejar el coche. El primer día de verano en el que encuentras sitio en la puerta de tu casa te sientes extraño. Te bajas del coche como si fuera una máquina del tiempo aterrizando en la Edad Media. Mirás por la acera, a ver si han colocado una señal que lo prohiba mientras tu estabas cumpliendo con tus labores. Te frotas los ojos, hincas las rodillas en el suelo mientras las lágrimas se deslizan por tus mejillas. En un gesto de rabia contenida y súplica, tus brazos se elevan hacia el cielo con los puños cerrados, mientras un sonido afónico y estridente grita sin contemplaciones….¡TENGO HUECO EN LA PUERTA DE CASA!
  • La siesta: Que bonito. Todo es paz y amor en el agosto madrileño. Te vas a echar la siesta y tu mente reflota pensando agradablemente en el recuerdo de que tu vecino de al lado  «El del taladrito a las cuatro de la tarde» se ha ido a tomar por culo durante todo el mes, al apartamento de su cuñado en Cantabria. Y es que la última vez que te lo cruzaste en el descansillo, y te dijo, con el pecho como un palomo, que se iba al norte, tu cabeza ya solo podía pensar en esas treinta y una siestas que llenarían de gozo tu ser. Por otra parte, la vecina de arriba, la que tiene una canica que rueda por el salón cada media hora, también tiene unos días libres, y eso oigan, se agradece.
  • Las terrazas: No hablo de balcones, hablo de bares. Que bonitas las terrazas madrileñas en agosto. Los que se han quedado en Madrid en agosto, tienen 2 misiones fundamentales…llenar las piscinas públicas y reventar las terrazas de los bares. Generalmente, la secuencia del madrileño medio en época estival es la siguiente: Trabajo (poco)-Siesta-Piscina-Terraza.

Todo esto lo digo generalizando al máximo y siendo generoso con los horarios, pues todos sabemos, que e en la actualidad hay jornadas de trabajo que se comen la siesta, la piscina, la terraza, el sueño y el desayuno del día siguiente.

Aún así no decaigan. Estás son las inconexas palabras de un hombre que no pudo dormir la siesta y que cuando se aburre las escribe. La vecina de la canica ha vuelto, y había que celebrarlo de algún modo.

😉 Sed felices.

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SÍNDROME POST-VACACIONAL, Y OTRAS MANERAS DE TENER POCAS GANAS.

Bonito nombre le han colocado a lo que toda la vida se le llamó «Hay que joderse, las poquitas ganas que tengo mañana de volver al trabajo después de la Semana Santa». Y es que según varios estudios, somos muchos los que volvemos a comenzar la jornada laboral con pesadumbre y abatimiento, ¿Que incongruencia verdad? Como si fuera algo nuevo…

Y digo yo ¿Hay alguien que vuelva al trabajo con alegría después de unos días en la playa? ¿O en la montaña? ¿O en el chalet de tu cuñao el rico? Es más ¿Hay alguién que vuelva feliz y sonriente aunque solo sea en el viaje de retorno?

Porque esa es otra verdad como un pino de grande. Aquí se habla mucho de la Semana Santa, pero la verdad es que aprovecháis estos días libres para comportaros como el mismísimo Satán. No, no me he equivocado. Os pasáis unos días de barbacoa en barbacoa, de cubata en cubata, y de fiesta en fiesta. Y de paso como ando por Andalucía, a lo mejor me tropiezo con alguna procesión, y ya si eso, aprovecho el rato para declararme devoto del Cristo de Palacagüina. Pero eso lo hago cuando vuelva de la playa, que la misa de doce no me pilla muy bien de hora y se me va a juntar con el chiringuito. Poca vergüenza…

Bueno vale, lo acepto, que eres nazareno desde pequeñito, me lo creo. Pero solo en algunos lugares, tuvieron lo que hay que tener para ponerle a una procesión el nombre adecuado a lo que más nos gusta hacer en estos días libres. Y no me lo nieguen, hasta los que no viven la religión, aprovechan el viernes santo para pillarse una castaña que no llegan a la resurrección hasta el domingo. Aunque a muchos de vosotros tampoco os hace falta Semana Santa para llegar a este punto. Bueno, sigamos.

No quiero desviarme del tema estrella ¿Síndrome postvacacional? ¿De verdad? ¿No había otro nombre? Como somos a veces, con tal de relajarnos un poquito, y ya de paso, quitarnos de encima un día de trabajo. Le digo a mis compañeros que estoy con el síndrome postvacacional y me toco las narices un ratito hasta la hora de salir. Y que nadie lo niegue, hasta en esto también nos ponemos de acuerdo. Nos da igual si hemos estado de procesión, de barbacoa, vestido de nazareno, de penitente, o de la mismísima abeja Maya, en el trabajo se escaquea todo el mundo. Aunque algunos lo hagáis de manera tan profesional, que hasta un anuncio os dejó la idea (Necesito un kit-kat). Que bien os vino la chocolatina, canallas. Alguno no conoce ni el sabor que tiene, pero por las veces que se para en el trabajo, parece que las compra en cantidades industriales.

Pero eso si, las vacaciones son vacaciones, y no vayan ustedes a desperdiciar unos días tan buenos en leer artículos del nivel que yo les ofrezco, porque entonces puedo llegar a pensar que están aún más aburridos que yo. Y eso… eso si que sería algún tipo de síndrome. Tal vez el antagónico al postvacacional. Un síndrome que explicara que necesitas volver al trabajo con urgencia porque el nivel de las gilipolleces que escribes en tu blog está rondando límites insospechados. Síndrome prelaboral, o síndrome del tonto ilustrado, que no tiene nada que ver, pero le da un toque artificial, que dirían los modernos…

Y hasta aquí mi absurda opinión de hoy, no les aburro más. Espero que os haya ocupado el mínimo tiempo indispensable de vuestro día. Yo, no os engañaré, voy a hacer un Kit-Kat, que tengo el síndrome postvacacional a la vuelta de la esquina, calentando motores y con el coche en marcha. La verdad, no se porque os cuento esto, ni otras muchas cosas, pero me divierte.

 

Sed felices 😉

 

 

LLEGA LA NAVIDAD (OTRA VEZ)

Que bonito, ya se empieza a notar el ambiente navideño en las redes sociales, y en otros ámbitos también. pero todos tenemos a ese amigo que ya ha inundado la red social de turno con postales navideñas de lo mas variopintas. Quitando que en su casa ya están colocados el belén, el árbol y un muñeco de luces que canta desacompasado.

He de reconocer, que a pesar de no ser un férreo seguidor del ambiente navideño, bien es verdad que me gusta observar (y en ocasiones participar)  en todo lo que rodea a estas emblemáticas fechas para unos, y empalagosas para otros. Por decirlo de otra manera, es un periodo donde como ya escribí hace tiempo, en este humilde decálogo, todo cuidado es poco para superarlo con nota.papanoelborracho

Las calles volverán a llenarse de luces, mujeres y hombres desfilarán como posesos por las grandes avenidas comerciales, buscando el “ofertón navideño” de turno, que por décimo año consecutivo no encontrarán. Una lástima, ya que en este The Walking Dead con bolsa de la compra, participan veteranos y nuevos talentos cada temporada.

Los centros de las ciudades, son multitudes humanas atestadas contra los escaparates. En Madrid, se sabe de gente que se despistó en la calle Preciados en unas navidades, y años después, se reencontraron con sus familias. Las declaraciones tras el hallazgo son sobrecogedoras «Recuerdo que en la nochebuena de 1995 cogí una calle adyacente, me lié a cervezas con un reno del Cortylandia, y no recuerdo nada hasta hoy…» Cuanto menos sobrecogedor.

Y es que amigos, lo admito, me gusta la navidad, es el momento del año donde mis carcajadas se repiten mas veces por minuto. Empiezo a reírme en la cena de empresa, y no paro hasta que veo a la última vieja con el paraguas del revés en la cabalgata de reyes. Tenéis que reconocerlo, es entrañable. Todo es gracioso, tu colega cogiendo vasos de tubo con la boca en la cena del trabajo; tu tío Faustino, el del pueblo, que viene a cenar obligado por la Puri, y al que nada mas llegar le han colocado unos cuernos de reno, mientras te mira suplicando que le dispares; los niños de corta edad tirando petardos por la calle, que bien podrían ser granadas de mano; o la dichosa vieja del paraguas de la cabalgata, que en una infernal pelea a muerte con otra semejante, está luchando por los caramelos de mora ante la mirada atónita de sus nietos. Lo que digo, paz y armonía.

Pero no se asusten, esto se repite año tras año, navidad tras navidad. Los gorros de Papá Noel, Santa Claus o como quieran llamarlo, van a estar ahí, acompañados de las pelucas de colores, los cotillones, los matasuegras, las uvas, las madres aparcando corderos en batería, los reyes magos, el niño que está en la cuna, los peces que beben y los que vuelven a beber sin ser peces, los camellos, de dos jorobas y sin joroba también, la cena de empresa, el despido de después de la cena de empresa, las guirnaldas, la espuma en spray, la zambomba, alguno en nochevieja caminito de belén, otro tirado en algún banco cuando iba caminito de belén y se paró a tomar la última en algún sitio, todo eso y mucho más…volverá en estás navidades. Así que sea como sea, crean o no en ello, disfruten de todo como buenamente puedan.

Sed felices 😉

P.D: ¡Ah! Se me olvidaba, la vieja del paraguas del revés también estará por ahí. Anda que se lo iba a perder, no te jode.

MADRID. TODAVÍA MAS.

 

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Estanque del Retiro vacío.

Siempre me gustó caminar por la ciudad, aunque para desplazarme a ciertos lugares tuviera que coger primero el coche. Y esta urbe es lo que tiene, todo está lejos de todo. Ir al cine en cualquier población, supone contar la distancia en cientos de metros o en un par de kilometros, pero no en Madrid. Aquí, las distancias se miden en paradas de metro o de autobús. Y si se hiciera en kilómetros, los trayectos no bajan de los cinco. Pero eso forma parte de su encanto, creo yo, no se si por discrepar de la habitual calificación de la ciudad de las obras y el tráfico, o por una enérgica defensa del lugar que mas amo de este planeta.

Pero la emoción de caminar por Madrid va mucho mas allá de sus distancias y calificaciones. Lo verdaderamente emocionante de Madrid se esconde en sus rincones secretos, en sus lugares repletos de historia, en sus magníficas leyendas y en la múltiple variedad de los personajes que la recorremos.

Emociona, si, saber que puedes estar caminando entre los que pueden ser los personajes históricos del futuro, el Ortega y Gasset del 2050, la Lina Morgan del teatro que viene, o que aquel friegaplatos del restaurante donde estás comiendo, sea un pintor de élite como le ocurrió en su día a Don Francisco de Goya y Lucientes. Y ustedes dirán, pura imaginación todo. Pués tal vez sea así, pero Madrid es lo que tiene, te invita a desbordar esa imaginación como no lo haría ningún otro lugar.

Y es que en Madrid, no distinguimos el invierno del verano, ambos son duros. Por eso nos vale cualquier estación para recorrerla, para patearla, para desgastarla, porque Madrid está destinado a envejecer, y a seguir teniendo ese espíritu juvenil que la desborda. Por esa razón el Museo del Prado sigue siendo tan bello, el Palacio Real tan majestuoso y sus calles tan vivas durante las 24 horas del día, porque es una ciudad inagotable, porque te agotarás tú mucho antes que la ciudad. De hecho, ella no descansa.

Y con esto os dejo en paz, vuelvo a retomar el blog con muchas ganas, me marcho al Estanque del Retiro, a ver a los descendientes de Margarita, a ver que me cuentan.

«Pues el invierno y el verano,

en Madrid solo son buenos,

desde la cuna a Madrid,

y desde Madrid al Cielo».

Luis Quiñones de Benavente  «Baile del invierno y del verano».

Sed felices 😉

DECEPCIONES.

Cuando algún plan o alguna persona nos falla, tendemos a pensar que la decepción viene provocada por ese mismo plan o esa misma persona, y estamos completamente equivocados. Un buen amigo (J.R.R) me dijo hace un tiempo que «la decepción» propiamente dicha, es el resultado que surge de no alcanzar las expectativas esperadas respecto a una meta determinada, bien sea profesional, sentimental o personal. Y creo que razón no le faltaba, desde bien pequeños aprendemos en el colegio que cuando debes sacar una nota en un examen y no obtienes lo deseado, debes superarte constantemente, y muchas veces, la decepción es el camino que encontramos a un suceso que ya no tiene vuelta atrás. Ahí es donde está el mayor error. Me explico.

Vivimos en una sociedad donde parece que marcarse una meta final es la prioridad necesaria para ser feliz, y eso hace, que nuestra felicidad sea siempre incompleta. ¿Quien tiene un amigo, una pareja, un trabajo y una vida perfectas? Ya se lo digo yo, NADIE, ABSOLUTAMENTE NADIE. La cuestión es que somos inconformistas por naturaleza, y parece que debemos estar en un proceso de superación constante, que en muchas ocasiones nos perjudica o nos atora, y no nos permite ver cuales son nuestras capacidades reales para superar una situación. De esta manera, no podemos diferenciar el momento donde debemos pedir ayuda, pararnos a sopesar una idea, o buscar una solución diferente a un problema. Frases como, “este es mi ejemplo a seguir” “mi meta es tal nota” o “yo para ser independiente debo hacer las cosas de tal manera” son burdos engaños que no nos dejan mirar mas allá de lo que realmente nos puede hacer alcanzar una felicidad real.

Nuestro ejemplo a seguir debemos ser nosotros mismos y lo que ,en mi opinión, nos hace mantenernos contentos es el sentido que le decidamos dar a las cosas y a los momentos. Por ejemplo, con toda seguridad, teniendo unos estudios universitarios consigamos tener grandes opciones de ser mas cultos y estemos mas cerca de lograr un salario acorde al estilo de vida que deseamos. Pero a día de hoy ¿Quien puede afirmar que eso es seguro? En cambio, lo que si vamos a recordar es a nuestros compañeros de clase, y los ratos que pasamos con ellos. Eso es lo que no debemos dejar pasar de largo.

Lo que quiero resumir es que marcarse una meta, o tener un instinto de superación constante está muy bien, pero obcecarse con ello puede llegar a ser un castigo, o viniendo al caso, una decepción. Y es que en la vida, nos vamos dejando por el camino momentos, lugares y situaciones irrepetibles, creyendo que al pasar por ellas rápidamente llegaremos antes a nuestro objetivo. No es así, hay que disfrutar esos momentos, hay que recrearse en esos lugares, no hay que pensar mas allá de lo que vamos a hacer en el presente, aunque en el horizonte dibujemos un futuro idóneo.

En definitiva, hay que sacar de nuestra carretera todo aquello que nos contamina, lo que nos duele y nos impide disfrutar del presente, porque al final de ella no se encuentra nuestra felicidad, si no que es a través de la misma donde vamos a disfrutar.

Hace poco logré leer el fabuloso libro de Bernardo Stamateas que lleva por título «Gente tóxica» y quedé impresionado con los tipos de personas que en él se describen. Todos tenemos en nuestro círculo personal a alguno de ellos, y en mi opinión, eso es lo que de verdad hay que apartar de nuestras vidas para poder llegar a conseguir cualquier objetivo, pero disfrutando de cada minuto, porque como hemos comprobado esta semana con el accidente aéreo de Germanwings, nunca podemos saber cual va a ser el último. Y aun observando que todo nos vaya bien, sería una pena desviarnos de la meta principal de nuestras vidas…

Sed felices 😉

EL EJEMPLO A SEGUIR

Muchos han sido los temas sobre los que quería escribir hoy, pero como suele ocurrir a veces ante la indecisión, no he escogido ninguno, y me he decidido por la idea aportada de un buen amigo.
En ocasiones habréis escuchado aquella frase que nos dicta a una persona, organización o acción, como el “ejemplo a seguir”. Nada mas lejos de la realidad, siempre he considerado que esto solo es aplicable en la conducta de algunos padres con sus hijos, y no en todos los casos, pues por todos son conocidos muchos padres que no son un ejemplo a seguir para sus hijos y así queda demostrado con el paso de los años.

¿Cuantos hijos hay que se avergüenzan de sus padres? Y mejor aun, ¿Cuantos hijos conocemos que hayan seguido su ejemplo? La respuesta la encontraréis en programas de televisión como Hermano Mayor, los padres unos santos, y los hijos, unos delincuentes natos. Lo dicho, creo que cada uno es un ejemplo a seguir de si mismo, y aunque un buen consejo a tiempo, para tomar una decisión, te puede marcar el camino, si está en tu mano que tu hijo sea un cretino o un canalla, puede que esto no venga acompañado de un mal ejemplo de los padres. Hasta aquí, lo que considero como ejemplo a seguir, que dicho así, no es tal caso.

Por otro lado, el ser humano es hipócrita y demagogo por naturaleza, y para ejemplo, podéis ir a un partido de fútbol, y hablar con esos padres/entrenadores y llamados aquí «los listos del fútbol» que cuando un jugador profesional tiene una mala actitud, se le hincha el pecho diciendo: ¡No puede hacer eso en un campo de fútbol, es un ejemplo a seguir para los niños! Esto me hace mucha gracia, porque claro, cuando tú bajas al bar y te bebes hasta el agua de los floreros, gritando como un poseso al televisor y soltando barbaridades por la boca, no eres un ejemplo a seguir, eres un incauto seguidor al que nadie ha avisado de la presencia de los menores en la zona. Lo dicho, hipocresía. Y quiero que conste que hasta quien esto escribe lo ha hecho, pero a mí no se me hincha el pecho con nada.

Otro caso lo encontramos en el trabajo, donde muchos instauran la norma de «si mi compañero es uno de esos supuestos ejemplos a seguir, yo tengo que ser igual o mejor» ¡Já! Aquí, como mucho, acepto que un buen compañero de trabajo, sea una motivación, pero el único ejemplo a seguir debe ser uno mismo, aportando lo mejor de sus cualidades y reconociendo lo peor de sus defectos. Y es que, esto último, en España ,lo llevamos un poquito mal, siempre generalizando, solo tomamos ejemplo cuando uno “se toca el níspero” y no hace nada, porque es solo en ese momento cuando pasamos a ser mas vagos que el primero.
Mi conclusión, es que el verdadero ejemplo a seguir se lo marca uno mismo a la hora de elegir ser mejor o peor persona, amigo, marido, padre o hermano mayor, y da exactamente igual lo que nos marque la sociedad. Allí solo encontraremos las herramientas para intentar ser lo que queramos, ya sea un vago, un trabajador nato, un caradura, un tipo simpático o el relevo del Dioni en el furgón.
En la actualidad, es difícil encontrar el ejemplo a seguir, viendo que hasta algunos de los medios de comunicación están totalmente manipulados, en una dirección o en otra, debemos ser nosotros mismos quienes tenemos que crear nuestra propia opinión de las cosas. No me gusta leer un solo periódico, ver un solo canal, y comprar en una sola tienda. Hay que ver, leer y probar todo, para sacar una opinión clara, pero sobre todo, propia, eso será lo que nos marque el ejemplo a seguir.

Por cierto, este post no es ningún ejemplo a seguir. Eso lo decidís vosotros.

Sed felices.

BASADO EN HECHOS REALES (Capítulo I): El camionero sin salida.

Corrían las 08:55 PM de un frío día de Noviembre, en una desangelada calle sin salida para los vehículos, de una localidad madrileña cualquiera. Las madres estresadas corrían de la mano con sus hijos por las aceras perpendiculares a la citada vía, para no llegar tarde a la hora de apertura de los colegios. En el ambiente, se oían las típicas frases que tan acostumbrados estamos a oir a esas horas, —Carlitos, ponte la bufanda que hace mucho frío y te vas a constipar—
Entre tan rutinarios momentos, y en la mencionada calle sin salida, hace entrada un camión de reparto y de dimensiones exageradas, causando la espectación de los pocos que estábamos allí presentes, para ser mas exactos, 3 personas. Entrada que por otra parte, causa asombro por las proporciones del vehículo y que hace pensar claramente que se ha equivocado de destino, pues vistas las medidas del camión y de la calle, todo indica que, o el conductor no está muy seguro, o su pericia al volante es indiscutible.
Los que vemos la situación, nos paramos a ver como continúa, pues está tomando un color divertido para todos menos para el desafortunado conductor, que al ver el lío en el que se ha metido, para el vehículo, y se baja de la cabina con la misma cara que si hubiera entrado en el pasaje del terror.
El primero en atenderle es un servidor, que llevo observando desde hace un rato las posibles maneras que tiene el camión para maniobrar y salir de allí. El camionero, un hombre educado, intenta eximirse la culpa diciendo que el GPS le ha jugado una mala pasada, pues él iba en dirección a un polígono industrial y el dichoso aparatito ha querido que aterrizara en esta calle sin salida. Mientras tanto, las otras 2 personas que miraban con atención se acercan al lugar, una de ellas exconductor de autobuses, y cuya máxima preocupación era colaborar para sacar de aquella situación al camionero.
Al final encontramos una solución, accediendo marcha atrás con el camión a la salida de un garage, y maniobrando durante varios minutos es factible que todo se solucione, y nos ponemos todos manos a la obra.
Durante dicha maniobra, va llegando a la calle algún vehículo (turismo) que extrañado espera la demora que el camión está creando, pero el momento estelar es la aparición del “listo del claxon” con el cuál me toca departir, por cercanía, y dicho sea, por merecimiento. Mi conversación es la siguiente siendo LC (El listo del claxon) y Yo (El que esto escribe):

LC: ¡¡Moooooooooooocccc!! (Sonido del claxón que algunos usan para manifestar su presencia ante la notable falta de vocabulario)
YO: Muchacho, ¿Que quieres que el camión levite? ¿Habrá que dejarle salir, no?
LC: ¿Pero como “sa metío” ahí?
YO: De frente, y ahora estamos intentando que salga.
LC: (Cara de emoticono del whatsapp, ante tan inesperada respuesta) (Todavía no se ha dado cuenta de que le estoy vacilando)
YO: Lo que podrías hacer es intentar ayudar, en vez de seguir molestando.

Fin de la conversación, no se dió por aludido y personalmente creo que su capacidad de raciocinio no daba para mas. Echó el freno de mano, y se quedó en el coche para rebuznar algo mientras el amable camionero se disculpaba una y otra vez al salir, con un gran sentimiento de culpa. Y ademas esperó a que pasara de largo y se reanudara la circulación para agradecernos la ayuda prestada. Todo quedó ahí.

Una vez pasada la situación, me puse a pensar en lo asquerosa que puede llegar a ser esta sociedad que cuando mas ayuda necesitas, peor llegará a tratarte. Pero mirándolo bien, he hecho un ejercicio de estadística y las conclusiones a las que he llegado tras el análisis, no son del todo malas:

– De cada 5 personas una es camionero y otra un listo del claxon. Las otras 3 solo observan.
– En cada situación de la vida donde cometas una cagada, habrá un mínimo de 3 personas dispuestas a ayudarte,y otra a emitir sonidos. Esta última puede ser un animal.
– De cada 5 personas, siempre hay una que cree en los fenómenos paranormales, como ver levitar un camión de 18 toneladas.
– En esta vida siempre hay una salida para todo, pero en ella te encontrarás a algun listo, o a varios.

MORALEJA: Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, los GPS no.