BASADO EN HECHOS REALES (Capítulo II): Los disfraces del colegio.

Escribir sobre la navidad se ha vuelto una rutina para mí en este mes de Diciembre, y repito, que no es por voluntad ni por acercamiento a las fiestas, pero para ser una temporada supuestamente de paz y de bondad, se cometen crueldades que, sin darse uno cuenta, no sabemos lo que suponen para las víctimas, en este caso, pequeñas víctimas.
Ando por la calle con una sonrisa de oreja a oreja, acabo de coger mis vacaciones, tengo tiempo para pasear, desayunar con los amigos y hacer las cosas que me gustan; pero no todos los que se cruzan conmigo por las aceras, portan la misma cara de satisfacción, en especial, esas criaturas que van al colegio de la mano de sus padres…

Son las 8:00 de la mañana del último día de colegio antes de las vacaciones escolares navideñas, como es habitual, los niños hacen funciones donde cantarán villancicos, comerán castañas y los mas afortunados asistirán a un chocolate con churros. Pero para llegar a este paso, a algunos críos les hacen pasar uno de los peores ratos de sus vidas, y por el cual quedarán marcados para el resto de su existencia.
De entre los que me voy cruzando por la acera, los hay que van felices con sus disfraces de Papa Noel (el mas común) o algún pastorcillo que otro…Pero entre la gran mayoría, veo caras angelicales llenas de sufrimiento, que claman al cielo para que alguien les saque de tan complicada situación. Caras que portan, como un gran estigma, los cuernos de reno mas grandes que su madre encontró en un todo a cien. Otro pequeñín, sufre, mientras su cabeza está embutida en un gorro de pastor con las dos orejitas por fuera, mientras tanto, otra madre poseída, le ametralla con la cámara de fotos, probablemente para dejar alguna prueba que enseñar a una futura novia dentro de veinte años, en una reunión familiar.
Sigo andando, un par de gemelos gritan con sus miradas ¡Señor, haga algo! pidiéndome por favor que deje de mirarlos porque sus padres han tenido la brillante idea de disfrazarles de angelitos, con unos aros en la cabeza que parecían la órbita de saturno.
Pero cuando mas dolor he visto (Y he sentido) ha sido con los dos últimos niños. El primero llevaba un horrible disfraz de árbol de navidad hecho de cartón, donde la criatura tenía la cabeza incrustada en la parte mas alta del árbol, y por si esto no fuera poco, le habían pintado los coloretes con purpurina a modo de bolitas decorativas, ¿Pero es que esos padres no tienen sentimientos?. Aunque el chico no se ha sentido solo, cuando dos pasos por detrás hacía acto de presencia una niña con cara de angustia, y cuyas orejitas asomaban por un cartón con forma de estrella de Belén, pintado en el amarillo mas chillón de la escala de colores. Una injusticia.

Resumiendo, os pido a todos los padres, que tengáis un poco de cordura y contéis con la opinión de vuestros hijos a la hora de disfrazarlos. Pensadlo dos veces antes de colgarle al niño unas bolitas navideñas de las orejas, o embutirle en un gorro de una talla mas pequeña que la suya, no sea, que en vez de Papa Noel, el crío acabe pareciéndose a “mudito”. Mientras tanto, siempre habrá algún villano como yo riéndose de todo esto…

Sed felices.

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